El pase lleva el QR real de la ticketera
Un programa de creadores suele acabar en una lista que alguien lleva en el móvil y va tachando. Eso tiene dos consecuencias: la puerta va más lenta, y no queda constancia de quién entró.
El pase lleva el QR de la entrada de verdad. La puerta lo escanea con el mismo lector que todo lo demás, y el acceso queda en el sistema. A partir de ahí el creador deja de ser un nombre en una lista y pasa a ser alguien de quien se sabe si vino.
Es el requisito de todo lo demás. Sin acceso registrado no se puede medir qué devuelve un creador, y sin eso el programa es un gasto que se justifica con sensaciones.